viernes, 30 de diciembre de 2011

Amantes del odio


        Se enorgullecen de su actitud negativa, creyendo que los hace ser “diferentes”, emitiendo mensajes cargados de insolencia, en pro de una bizarra manera de resaltar o ser catalogados como “originales”, aquellos que dicen estar “en contra del sistema” (casi siempre es sólo cuando les conviene), son esas personas que les da cierta satisfacción despotricar de lo que los demás disfrutan, a costillas de una falsa “rebeldía”, también conocidos como “haters”.

            Bien sabido es aquello de que “entre gustos y colores, no han escrito los autores”, pero eso no quiere decir que por el hecho de que te guste o no algo, tienes que condenar a los que piensan distinto a ti. Por ejemplo, en las festividades navideñas, muchos se desbordan en buenos deseos y emoción, sea cual sea la razón por la que le encanta la época decembrina, quizás encuentren placer en hacer infinitas colas, hasta para usar las escaleras mecánicas de los abarrotados centros comerciales.

            El punto es que he notado que no pueden faltar aquellos que digan “qué fastidio estas fechas”, “para mí la navidad no existe”, “tan equis la navidad”, o “¿hasta cuándo con los buenos deseos?”, entre otros, más ácidos que esos. ¡Perfecto!, se les respeta y sus razones tendrán, pero el problema está cuando en realidad ni ellos mismos se creen lo que está diciendo, sólo a la espera de unos cuantos borregos que den clic en “me gusta”, o les den unos cuantos “retweets”, lo que automáticamente les quita la etiqueta de “original”; y luego los verás como todos los demás, celebrando, regalando, reenviando mensajes navideños, bebiendo, estrenando, ¡Cómo debe ser!

            Y  no se los reprocho, pero entonces ¿para qué tomarse la molestia de enviar tanta vibración negativa, si después estarán haciendo lo que tanto critican?. Por otro lado, siempre que lamentablemente fallece una persona conocida por la masa, en medio de comentarios de condolencias, no falta aquel que diga “tantos muertos todos los días y la gente no dice nada, pero como se muere un famoso ahora todo el mundo llora”, ¡Buen punto!, ahora pregunto ¿Acaso ellos se la pasan todos los días en la morgue, dándole el pésame a todo el que esté a la espera de un difunto familiar o amigo?, no lo creo, así que la simple acotación es hipócrita.

            Más aún cuando, si el famoso fallecido era de su agrado, al parecer ahí si no aplica esa regla, por ese si es “permitido” sentir pesar. Se olvidan de algo llamado “empatía”, un sentimiento que pueden tener las personas por otras, así no las hayan conocido personalmente, como generalmente ocurre con las figuras públicas, y tan sencillo como que deben respetar la individualidad de cada quien, así como ellos tanto claman tenerla, pero son “tan originales”, que sobran los que quieren “ser diferentes”, llevándole la contraria a los demás, así no tengan una razón aparente, ¡Sólo porque si!

            Es que realmente me cuesta entender cómo se soportan a sí mismos con tanto resentimiento, cuando todo lo que pasa a su alrededor les molesta, o todas las personas les parecen estúpidas por lo que opinan en las redes sociales, ¿para qué las leen?, por ejemplo en la página de inicio del twitter, aparece la pregunta “¿Qué está pasando?”, entonces, si ocurre algún hecho como un temblor, o un accidente, o cualquier eventualidad y las personas recurren a esta herramienta para dar detalles, si los tienen, o simplemente opinar, siempre aparecerá un “amante del odio” diciendo “¡no puede pasar nada sin que la gente lo diga por aquí!”; y ¿tú no estás haciendo exactamente lo mismo?, te irritas y lo dejas saber públicamente, ¿cuál es la diferencia entre esa opinión y cualquier otra?, de ser por ellos, cada vez que se entre a la red, al ver la pregunta de “¿Qué está pasando?”, nos tocará colocar “nada porque si me uno a hablar de los temas mundiales, me convertiré en un borrego del sistema”, sería absurdo ¿no creen?, borrego aquel que calla o habla de acuerdo a lo que puedan pensar los demás.

            A fin de cuentas me parece una pérdida de tiempo, gastar energía sólo monitoreando lo que los demás hacen o dicen para criticarlos y juzgarlos por ello, ¿quiénes se creen?, ¿quién les dio ese poder?, ¿en qué son mejores?, ¿sólo sus opiniones son válidas?, ¿sólo sus gustos son aceptables?, creo que es una demostración más de la pérdida de respeto y consideración hacia la personalidad de cada quien, deberían vivir más y odiar y sufrir menos por los pensamientos ajenos, ¿quieres ser diferente? ¡Ten tolerancia!, a menos que les de miedo que quizás cambiando ustedes y aceptando la diversidad existente, ya no tengan nada qué decir, ¿Será?.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Gerente por accidente


Cuando estaba pequeña, mi mamá siempre me decía una y otra vez “estudia, porque el que más estudia, es el que más gana y el que menos trabaja”; no sé de dónde sacó esa frase, pero de alguna manera logró calarla en mi mente, tanto así que con cada graduación, ya tengo en mente el siguiente estudio a realizar. Sin embargo, la realidad me ha dado trompadas, no culpo a mi mamá porque su profecía, además de no ser cierta, cae en el descaro de ser todo lo contrario, de hecho culpo a la sociedad (si, vamos a culparla de eso también), que se ha vuelto cómplice de la mediocridad.
            Una vez que pisas el terreno laboral, te das cuentas de las inconsistencias y hasta injusticias que se suscitan en él. No digo que no sea válido que la gente crezca en una empresa, partiendo desde un puesto base, hasta llegar a uno gerencial, pero no se justifica que eso, vaya en detrimento de la preparación académica.
            Así como tampoco veo justo que un hombre de menos grado de instrucción que una mujer, gane un cincuenta por ciento más que ésta, y si están a la par, académicamente hablando, el hombre llegue a ganar hasta el doble. ¿Qué hace a la mujer de menos valor?, ¿Quién determina que el sexo nos hace menos calificadas?, ¿Por qué se permite tal discriminación de género?, ¿Es acaso la igualdad una simple quimera?.
            Estas interrogantes se me repiten de manera constante, al vivir esta situación en carne propia, pero ¿Qué pasa cuando reclamas tus derechos?, te encuentras con muchos silencios, porque al parecer no esperan que alguien esté en desacuerdo, con lo que para ellos es “normal”,  o te dan respuestas tan escuetas como “tu cargo no es estratégico”, cosa por demás insultante, ya que cada área cumple una función dentro de una organización, de lo contrario, no queda más que preguntarse ¿Qué hago yo aquí?, ¿Por qué me contrataron?, ¿Acaso esta área es para hacer más abultado el organigrama?, mientras lamentas el no ser más ágil en las labores domésticas, pues hasta la señora de limpieza gana más que tú.
            Por otro lado, te aterrorizas de sólo ver su ortografía de niño aprendiendo a escribir (ver la palabra "probador" escrita con V, puede ser escalofriante); y la pobreza extrema del lenguaje de gerentes, con supuestos postgrados, que a lo mejor encontraron el título en una caja de cereal o son de esos que pasaron por la universidad pero la universidad no pasó por ellos, quienes pueden soltar perlas como “informenes” o “reproducieron”, con aquella altivez, creyendo ellos que están dejando a sus interlocutores atónitos, con semejante léxico, pues si, no se equivocan, particularmente a mi me dejan atónita, de sólo imaginarme ¿Cómo demonios estas personas que no saben ni hablar ostentan semejantes cargos?, la respuesta a ello es todo un misterio, pero el deber ser, es que representen correctamente el nivel que tienen, para que por lo menos sean dignos de tener subalternos.
            Pueden recrear fácilmente lo frustrante que puede ser, estudiar y prepararse, para que tu trabajo termine  siendo juzgado por personas que ni siquiera lo entienden, quizás porque como no saben leer ni escribir, se les hace un tanto más difícil, o como evidentemente desconocen el idioma, no están familiarizados con un lenguaje someramente técnico. Más frustrante puede ser para una periodista, escuchar recomendaciones como “no le hables tan técnico”, algo que cualquiera con un poco de calidad profesional no diría, puesto que si estás tratando con gerentes, se supone que deben estar lo suficientemente preparados para entender un lenguaje alejado de lo coloquial.
O también con justificaciones como “es que la gente no lee”, supongo que hablarán por ellos mismos, que no saben ni que el “ha” de “haber”, va con H,  porque de ser cierto, mi profesión estaría en peligro de extinción, de hecho, en este exacto  momento estaría perdiendo mi tiempo escribiendo esto, porque si “la gente no lee”, ¿Para qué circularían los periódicos?, ¿Por qué cada vez hay más revistas?, ¿Cuál es la razón del éxito de las ferias de libros?, por eso, para mí, esa es una suposición inválida.
            Todo esto me lleva al planteamiento inicial, no basta con estudiar y aprender para llegar tan alto (por más que me duela aceptarlo), o por lo menos no en este país, porque de ser así, estos señores tendrían esos cargos sólo en sus sueños, lo que pasa es que a veces estamos sujetos a circunstancias que lamentablemente no controlamos, como que la mediocridad sea premiada, la injusticia una forma de gestión y el ser un trepador o adulador oportunista, un requisito. No obstante, tenemos la opción de no ser parte de ello, y convertirnos en agentes de cambio, quizás no suceda nada o hasta nos boten, pero nadie nos quitará la oportunidad de crear precedentes, de ser diferentes y ser reconocidos porque no somos “más de lo mismo”.
            Y  lo siento mamá, el que más estudia, si sabrá muchas más cosas, pero trabajará más, porque siempre recurrirán a él por ello, hasta departamentos que no le competen, lo más seguro es que muchos se aprovechen de sus conocimientos para congraciarse ante sus superiores con ideas que nunca se les habrían ocurrido,  y no será garantía de un buen sueldo, ya que sobrarán las excusas para no otorgarlo, desde que seas “muy joven”, hasta el muy mal disimulado “por ser mujer”. Sin embargo, te doy las gracias porque el que más estudia si tiene la capacidad para reconocer todo esto  y sobrellevarlo, teniendo la gran satisfacción personal de tener herramientas para representar cualquier cargo, sin convertirse en un chiste de persona o en uno de esos “gerentes por accidente”.

jueves, 11 de agosto de 2011

Presiones embarazosas

           No sé si soy una feminista extremista, que clama por la igualdad de género y el derecho de la mujer a elegir lo que es mejor para ella sin ningún tipo de prejuicios, o presiones externas, por supuestos patrones establecidos por quién sabe quién, (¿será  que caigo en el cliché de llamarlo “sociedad”?), pero la verdad es que pensaba que aquello de que el único propósito de nuestra existencia, o la única meta “permitida” para nosotras es reproducirnos, había quedado en el pasado, apoyado en el hecho de que cada vez es más tardía, en edad, el momento en que algunas deciden ser madres.

No juzgo en lo absoluto a quienes ya gozan de esa etapa, que lógicamente toda mujer quiere experimentar, puesto que somos las privilegiadas con el don de traer vida a este mundo. Pero por lo visto, todavía queda una gran cantidad de retrógradas esparcidas por todos lados, quienes sí no tienen reparo alguno en juzgar, empeñadas en hacerle la vida miserable a aquellas que han estado más ocupadas tratando de crecer primero como individuos, aplazando ese momento para cuando realmente se sientan preparadas no sólo para ello, sino también en otros aspectos.

            En lo personal, me ha dado la  impresión de que luego que pasas los veinticinco, forma parte del saludo “¿Tú no piensas tener hijos?”, como que si es un requisito, algo así como el registro militar obligatorio una vez que cumples los dieciocho años, si tu respuesta  es un tímido “todavía no”, salta el famoso “apúrate porque no querrás que te llamen abuela”, cosa que me trauma por partida doble. Primero, el hecho de que ni siquiera les importa si tienes pareja o no, y si es el indicado (olvidan que los genes, buenos o malos, se heredan), segundo, ¿A los veinticinco ya me veo vieja?, o ¿estás cerca de la senilidad?, ¡eso aterra!, más cuando tienes en mente que ahora es que te quedan cosas por  experimentar y que apenas la vida como adulta está empezando; además, me atrevo a decir, a riesgo de ser víctima de linchamiento, que las que han decidido ser madre, luego de los treinta se ven más conservadas que aquellas que “abrieron la fábrica” antes de los veinte. 

Por otro lado, me cuesta verlo tan sencillo, el tenerlo sólo porque “se supone” que a mi edad ya debería, sin importar traer al mundo a un ser humano que dependerá de mi al 100%, y yo no le pueda dar la vida que me gustaría que tenga (la que merece), porque el punto es que traiga más gente a poblar este planeta, si no, no eres nadie. No es un ataque a ninguna madre en particular, porque no faltará quien se sienta ofendida, o me diga que “no sabes lo que se siente hasta que te pase”, “sólo una madre sabe lo que es ser una verdadera mujer”, las felicito, pero el hecho de que hayan decidido (si fue así, la gran mayoría ni lo tenía planeado), no quiere decir que las que no, seamos unas fracasadas, o que si no tenemos hijos antes de los treinta estamos rompiendo alguna regla. 

Me arriesgo a afirmar que muchas de las que lo han hecho luego de esa “barrera”, puesta por alguna que seguramente no tenía nada más qué hacer con su vida, después de realizarse como persona y profesional, tienen mucho qué ofrecerle a esa personita, entre otras cosas madurez emocional, algo de lo carecen las adolescentes que creen que tener hijos es como jugar a las muñecas, o aquellas no tan adolescentes pero que buscan “cumplir con el requisito” a través de la maternidad. Sin mencionar la estabilidad económica, porque sólo de amor no se vive, me podrán llamar materialista, pero la verdad eso es ser realista.

 ¿Qué tan difícil puede resultar respetar las decisiones ajenas?, la forma que cada quien eligió vivir cada etapa de su vida, y cómo quiere que sean las que están por venir, ¿Por qué pretenden imponer a las demás su modo de vivir?, si a algunas les ha resultado, ¡perfecto!, pero quizás para otras no es lo más conveniente, no sienten que sea el momento indicado, o tan simple como que ¡No es lo que quieren!. Me rehúso a que me asignen un patrón, a que el ser madre o casarse tenga un límite de edad o de tiempo, sin importar si no tienes un techo dónde vivir, dinero para comida y medicinas, o un empleo estable.

Aplaudo incansablemente a amigas que, a pesar de que la maternidad no estaba entre sus planes en determinado momento, les tocó asumirla sin previo aviso, y lo han hecho impecablemente, quizás merecen doble reconocimiento porque aprendieron a ser madres y a ser profesionales al mismo tiempo. Pero, eso no quiere decir que aquellas que aún no les sale regalito el segundo domingo de mayo, seamos unas insensibles, en algún momento nos tocará y estaremos preparadas para ello, sin importar las condiciones y el contexto en el cual nos llegue, y si no pasa, tampoco es un motivo para condenar a nadie, no obstante, mientras tanto, déjennos vivir la soltería, la independencia que seguramente muchas de ustedes, en ocasiones extrañan, así no lo acepten públicamente. 

Creo que a nadie le gusta que otro le diga cómo vivir, ni el lugar, ni la hora, ni la forma de hacerlo, menos cuando sabes exactamente lo que quieres, cuándo y cómo lo quieres. Apelo al tan trillado “vivan y dejen vivir”, en nombre de las mujeres solteras y sin hijos, les digo que todo tiene su momento y nada hay que forzar, menos cuando no estás hablando de tu vida, de tu casa, de tu esposo, de tu tiempo y sobretodo de tu cuerpo, creo que las estrías, náuseas, pies hinchados, dilataciones, cambiar pañales, falta de una buena noche de sueño y tiempo libre, pueden esperar.

domingo, 19 de junio de 2011

Padres: muchos en cantidad…pocos en calidad

Gracias a varios, podría llamarlos, “impasses” con diversas personas en cuanto a las diferencias de “ser papá” y “ser padre”, decidí ser lo más objetiva posible y buscar sus definiciones en el diccionario, encontrándome con que hasta la Real Academia Española, sabe que el hecho de engendrar a otro ser humano, no te califica como un “padre”.
Para empezar lo diferencian de la siguiente manera: “padre”, hombre o animal macho, que ha engendrado algún hijo, debo decir que eso de “animal”, cala perfectamente en muchos casos; mientras que “padre de familia”, es la cabeza de ésta ante la ley, quedando “papá”, como el calificativo que le dan los hijos a su progenitor. A lo que quiero llegar con esto es que el mismo diccionario apunta a que sólo engendra, no dice en ninguna parte que cría o educa o ama a sus hijos, siendo para mí una indirecta de lo que es la realidad actual.
No obstante, no puedo renegar de aquellos que si son un ejemplo para sus hijos, porque si los hay, hombres que se desviven por sus retoños, incondicionalmente los apoyan, manteniéndose con el pasar del tiempo, porque es que de eso se trata, a diferencia de las amistades que establecemos con conocidos, o relaciones afectivas, el vínculo padre-hijo, no tiene fecha de vencimiento, ni es hasta que cumplas la mayoría de edad, o hasta que te cases, por más que algunos se esfuercen en hacerlo ver así, sólo por evadir sus responsabilidades, dejando en evidencia una falta inmensa de valores y moralidad, quizás atada a una pobre crianza.
Sin embargo, creo fervientemente que somos nosotras las responsables de captar esas señales, y de determinar si ese hombre que tenemos como pareja, puede ser tan bueno como padre, más que comprobado está que eso de que los hijos pueden hacer cambiar a las personas, es más una leyenda urbana que una realidad, o bien podemos decir que si las cambian, el detalle es en cuál sentido, si para bien o para mal. Es ahí donde realmente conocerás al verdadero “hombre”, si está para su hijo, o desaparece del mapa.
Pero, como dije anteriormente todo está en la educación de hogar de cada quien, porque existen mujeres que sienten debilidad por reproducirse desde el mismo instante en que tienen su primer período, y con una gama de ejemplares dignos de la lista de los más buscados por Interpol; de hecho cierto día pude ver a una jovencita que formaba parte de mi lista de amigos en el facebook (ya sabrán por qué ya no está), quien acababa de tener un bebé, recién salida del liceo, con otro mocoso igual que ella, cuyo único aporte fue la carga genética, felicitaba a otra de la misma edad quien también había “metido la pata” como ella, porque ya había dado a luz, sabiendo que mientras eso ocurría el insigne progenitor, penaba en la cárcel por distribución de drogas, a lo que su “más fiiiino”, me pareció totalmente repulsivo. ¿En qué universo paralelo puede ser “fino” traer al mundo a un niño cuyo padre ni siquiera vio su alumbramiento por estar preso? ¿Qué futuro puede tener ese inocente cuando sus padres son dos irresponsables que ven la reproducción como una especie de ruleta rusa?.
Claro está, siendo una fuerte opositora al aborto, la opción de traerlo al mundo es lo único sensato e inteligente que hicieron, pero a esto saltan otras interrogantes, ¿Por qué precisamente este tipo de personas son las que más se reproducen?, ¿Por qué aquellos que si tienen todo para ser excelentes padres, a veces son los que tienen más impedimentos físicos para ello?, y lo más resaltante aún ¿Por qué esta gente no reflexiona y cambia para darle a sus hijos una vida sana, digna y honesta?, por el contrario la crianza que les brindan es peor que la recibida por ellos; de hecho creo que hasta lo ven como algo normal, como si el embarazo precoz, ser madre soltera o ser uno de los causantes del índice delictivo del país, es el “deber ser”. Sabiendo la cantidad de padres abusivos y/o irresponsables que esta situación genera, no sólo con sus hijos sino con su pareja, cosa que al final también afecta la crianza de los pequeños, es otra evidencia de la decadencia del sentido de paternidad que hay en la sociedad, no puedo siquiera imaginarme lo que puedan sentir los descendientes de semejantes animales.
Es por ello que leer o escuchar comentarios como  “prefiero tener un mal padre que no tenerlo”, no puedo evitar pensar en esos malos ejemplos de paternidad; y no sólo me pregunto qué respuesta a tal afirmación le darían esas víctimas de hombres inescrupulosos, sino también ¿realmente sabrá lo que es un mal padre?, a lo que sólo le puedo decir que intente imaginarse teniendo como tal a alguien que no marca ninguna diferencia positiva en tu vida, que no es partícipe de tus logros, que no sabe siquiera si vives o mueres, para quien no eres más su familia, porque encontró en el camino a personas con las cuales sustituirte sin pensarlos dos veces, sin darte tu lugar como hijo (a) legítimo (a), y que luego me cuente cuál es la diferencia entre tener un mal padre y no tenerlo.
Creo que es prácticamente lo mismo, o en caso tal, es preferible entonces ni siquiera saber quién es (en caso que no lo sepas), o tan simple como que, es mejor ni tenerlo, ya que de por sí esa es la sensación que te da, el no contar con la figura paterna, excepto por la que te pueda proporcionar tu mamá, tu abuelo o tus tíos; la cual afortunadamente siempre resulta mucho más favorecedora. Por esta razón, felicito a todos aquellos hombres que si hacen una buena diferencia, estando conscientes de la responsabilidad que reposa sobre sus hombros y a aquellos que no, probablemente aún están a tiempo de resarcir sus malos pasos y lamentables decisiones, aunque, es importante tener en cuenta que la heridas pueden cerrarse, pero siempre quedan cicatrices para recordártelas.

domingo, 22 de mayo de 2011

Confabulación cósmica

Dicen por ahí “piensa lo bueno y se te dará”, odio ser pesimista, pero creo que hacerlo no siempre es muy efectivo, de hecho parece más bien un "piensa algo que se te dará lo contrario"; y no me refiero a ningún tipo de superstición; pero, que alguien me explique a qué se debe, por ejemplo, que después de gastar una sustanciosa cantidad de dinero en la peluquería, apenas sales del lugar, se desata una tempestad digna de usar un arca, donde lo más seguro es que no cargues un paraguas, puesto que cuando saliste de casa reinaba un sol radiante.
            Basta que uses una prenda blanca para que alguien te tropiece con una barquilla en la calle, o un chofer le parezca cómico acelerar al pasar por el charco cerca de donde tú te encuentras para bañarte con agua sucia, o tu torpeza decida tomar las riendas del día y comiences a derramarte todo lo que comes y bebes encima; o el día que saliste “al natural”, porque tu mamá no podía esperar que te maquillaras y no pudiste alisarte el cabello, ya que se te quemó la plancha, te encontrarás a tu ex con su nueva novia, dándole el material ideal para que “la nueva” diga con toda la satisfacción del mundo “¿Y tú salías con esa?, ni siquiera se arregla”.
            En estos tiempos de “racionamiento”, sólo tienes que meter la ropa en la lavadora para que se vaya la luz y cuando al fin llega, se va el agua; esto último también aplica para cuando llegas apurado a tu casa para bañarte; o si necesitas terminar un trabajo, se cae la conexión a internet. Y así, hay miles de situaciones que no siempre dependen de tener una buena actitud ante la vida, de una mentalidad positiva, simplemente pareciera que el cosmos confabula para hacerte sentir miserable, o por lo menos con “mala suerte”. Vamos con ejemplos menos “mundanos”, enfoquémonos en el tema favorito de muchas, “relaciones amorosas”; en este ámbito sucede mucho, casi siempre obtenemos lo que NO esperamos.
            Resulta que ese por quien das la vida, quizás sólo tienen una amistad, pero puedes imaginarte en segundos cómo sería la vida junto a él, te recreas miles de situaciones románticas que crees podrás hacer realidad en algún momento, sólo estás esperando que le nazca la iniciativa, lo cual sabrás que no pasará, el día que llegue a tu casa a presentarte al “amor de su vida”, ya que tu eres “como su hermana”; mientras agarras fuerzas de donde no tienes para estrecharle la mano y no la cara a la susodicha, pero ten cuidado, porque seguro él jamás captó tus señales (o simplemente las desvió), pero ella si lo hará y es un riesgo que no querrás correr, ya que tu premio de consolación es por lo menos tener su amistad.
            Otro caso, que en lo que a mí respecta, es casi una “cruz”, es cuando ese ser humano que te resulta completamente repulsivo, todo lo que dice o hace lo usarás en su contra, aquel que de sólo verlo te pone de mal humor; si a ése mismo, le gustas; no creo encontrar peor situación que ésta. Intentas por todos los medios evitarlo en tu camino, ignorarlo cada vez que abre la boca, hacer gestos de desaprobación con cada “chiste” que suelta, tu cara se vuelve metamórfica haciendo todo lo humanamente posible para que caiga en cuenta que lo detestas; sólo te falta denunciarlo por acoso. Pero, al parecer esto como que le resulta atrayente o es tan imbécil como para notarlo, o es tal la “ilusión” y la alegría de verte que se le nubla la mente y el sentido de la vista, perdiéndose tu cara de “asco” cuando lo tienes cerca.
Sé que muchas dirán “la suerte no existe, tú eres la dueña de tu destino”, cierto, de hecho reconozco que soy una de ese clan de “tu vida es el reflejo de tus pensamientos”, pero así también he descubierto que no es aplicable a todas las facetas de la vida, no podemos ser tan arrogantes como para pensar que podemos controlar todo lo que gira a nuestro alrededor; lo que si no niego, es en asumir esas “malas rachas” con estilo y actitud, siempre buscando una salida fiable y no consumirse en la amargura porque “nada me sale bien”, en pocas palabras, huir de la autocompasión.

domingo, 24 de abril de 2011

Karma en cuatro ruedas


¿No han sentido alguna vez que están en un lugar donde no cuadran, como que si no pertenecen ahí?, como creo se sentiría un rockero en un concierto de vallenato. Exactamente así me siento yo al usar el transporte público, es una especie de castigo cruel por algún pecado y me toca pagarlo con todo el peso de un karma. Es la combinación de todas las cosas más desagradables de este mundo, puedes encontrar toda una variedad de razones para odiar a este mal necesario:
·         Siempre hay alguien cuya higiene personal es bastante cuestionable, probablemente eres de los que atraen todo lo que no les gusta, así que no te sorprendas si se te sienta al lado.

·         No sólo se transportan personas, sino sus gérmenes, porque a algunos no les enseñaron a taparse la boca al estornudar o toser (la brisa caliente con olor a saliva seca que pasará cerca de tu nuca, no es la mejor forma de comenzar ni de terminar un día de completo estrés), ni les dijeron cuán desagradable es jugar con sus secreciones nasales y el dejarlos estampados en los tubos que sirven para no caerte cuando el chofer compita con uno de sus “colegas”.

·         Para algunos comer en su casa es inconcebible, dependiendo de la situación les quita diez minutos de sueño, o tienen tanta hambre que no pueden esperar llegar a su hogar, o sentarse en una mesa de feria de comida está en contra de sus principios, porque no hay nada mejor que degustar un manjar en una camioneta repleta de desconocidos, estando de pie porque no hay más puestos, lucir orgulloso en público tu rostro lleno de restos de comida, mientras le destilas grasa en la ropa al que está sentado por desgracia debajo de tu almuerzo.

·         Los niños pueden ser tan tiernos como insoportables, pero peor es cuando una desconocida toma a su hijo por centro de atracción y a ti como juguete de éste, frases como “mira a la muchacha”, cuando el niño sostiene una chorreante barquilla que no cabe entre sus manos, puede causar más pánico que una orden de evacuación. Si alguna de esas mujeres está leyendo esto, les informo, no es nada agradable, al niño no le importa una desconocida y ésta te aseguro que por mucho instinto maternal que tenga no le parecerá “lindo” que una criatura que no es familia de ella la ensucie, o la hale por los cabellos, o hasta la muerda, las sonrisas que intercambian más que de empatía, son nerviosas.

·         Así como los malolientes, los “solitarios” también les encanta buscar afecto sin permiso en las unidades colectivas, tu hombro es demasiado atrayente para esta clase de personas, tienes varias opciones, una es tener la suerte de sentarte en la ventana, si quedaste en el pasillo, pide la conmiseración de tu compañera (o) de asiento para que te dé un poco más de espacio, o la más radical, reclamárselo al ser en cuestión públicamente, quizás la vergüenza que le hagas pasar bastará para detener su abuso, pero si es de los que por sentirse apenados usan la defensiva, te espera una larga discusión con el patán de camionetica.

·         Hablando de “patanes de camioneticas”, este puesto es competido furiosamente por los mismos choferes y los tan detestables colectores. Es casi increíble cómo tantos defectos pueden caber en un sólo cuerpo, si no me crees, puedo estar 100% segura que jamás te has montado en un autobús ni por error; estos individuos son groseros, irrespetuosos, usan las uñas más largas que aprendiz de manicurista y no creo que toquen arpa, mucho menos que cultiven en algún conuco para justificar los sacos de tierra que puedes recolectar de ellas; como si eso pareciera poco, combinan al “maloliente” con el “arrecostador” todo en uno, no saben de la existencia y significado del término “respeto”, a menos que por mala suerte para ellos, y alegría nuestra, se tope con alguien que se los haga saber, ahí verás a un ratón indefenso porque como buen “hablador” es cobarde; esto sucede si se enfrenta a un hombre evidentemente más fuerte que él, si es una mujer (bien sabemos que la palabra es más fuerte que un músculo, y en eso somos expertas), a este espécimen no le importará responderte, lo que demuestra que entre los términos que le son totalmente desconocidos entra “hombría”.

·         Te puede sorprender, cuán holgazanes se han vuelto las personas, al notar que cada medio metro piden la parada; puede hasta pasar que la unidad dure un largo tiempo estacionada, quizás por el flujo de personas que suben y/o bajan, o por tráfico, sin embargo, en el justo momento que retoma su viaje, alguien pide detenerla una vez más, porque caminar treinta centímetros extras, al parecer es muy dañino.

·         Las latinas somos conocidas por ser bastante proporcionadas a la altura de las caderas, pero algunas pueden convertirse en todo un estorbo cuando se atraviesan en el comienzo del pasillo de una camioneta, con el fondo de la unidad totalmente vacía, y ni siquiera tienen la decencia de darle permiso a aquellos que no les gusta aglomerarse con los extraños, ni hacer malabares en el estribo. Si eres una de ellas, créeme cuando te digo que es mejor sentirse orgullosa de tus atributos en un lugar que realmente lo merezca, recuerda que el transporte público es usado por personas de ambos sexos, y las malas caras que te ganarás no serán precisamente por envidia, sino porque realmente estorbas.

Uno que otro aspecto expuesto acá, seguro los lleva a un lugar común, como sé también que en ese espacio móvil pueden suceder muchas cosas más, todas dignas de olvidar, desde el que habla por teléfono para que todos nos enteremos de su vida, aquel que piensa que el vallenato guardado en su teléfono cala en los gustos de todos los pasajeros (o el mismo chofer se encarga de aumentar el peso del ambiente con una selecta lista de reproducción, perfecta para considerar el irte a pie al trabajo). Y si menciono la inseguridad latente en los colectivos, o la cantidad frenética de vendedores ambulantes, o personas pidiendo dinero para supuestos familiares enfermos con exámenes que datan de más de veinte años; creo que no terminaría el artículo, así que eso se los dejo para sus comentarios personales.

martes, 5 de abril de 2011

La vorágine de una desgracia musical


“Por delante por detrás, por delante por detrás, por delante por detrás pa que te duela (...) Y si ella se porta mal, dale con el látigo, se sigue portando mal, dale con el látigo, y si ella se porta mal, dale con el látigo (…) Vamos a mi casa a terminar de pisar si me pides mas yo te doy más. Minuto a minuto te voy a sudar porque con el látigo te voy a dar.”
¡No!, no es que esté teniendo un apasionado romance con un convicto, tampoco es el extracto de una carta amenazante de algún acosador, ni menos la descripción de una sentencia de la edad media y por mucho que parezca familiar tampoco es el diálogo de dos policías tratando de controlar una manifestación. Ese párrafo no es otra cosa sino la prueba de la decadencia existente en los llamados géneros musicales populares, específicamente el “reggaetón”, es hasta difícil pensar que es una canción, pero se supone que eso es.
Muy indignante es ver a una mujer bailar desenfrenada al ritmo de esa “lírica”, tal vez no entiende el idioma, o tiene tendencias sadomasoquistas, peor aún es escucharla decir “ooohh adoro esa canción”. Es evidente la connotación sexual de las letras que componen este estilo, estrechamente vinculado a la forma en cómo se baila; ver una sesión de baile de una ronda de reggaetón puede llegar a tener censura XXX.
La estrofa que inicia este artículo es sólo una de miles de canciones que rayan en la vulgaridad, con un mal uso del lenguaje, comentarios denigrantes, especialmente hacia el género femenino, ni hablar que la variedad de ritmos es casi inexistente, pareciera que todos usan una misma pista y cambian sólo lo que dicen, la mayoría de las veces como quizás su cerebro se cansó porque pronunciar por tres minutos las mismas cuatro palabras es para ellos demasiado esfuerzo, dedican los segundos que le quedan de espacio para maldecir a su “competencia” (quien es igual o peor que ellos), denotando una egolatría, la cual resulta absurda para personas que no están haciendo un aporte emblemático a la humanidad como para pelearse el título de “yo soy el mejor”.
A esto me pregunto ¿el mejor en qué?, ¿en insultar la integridad de la mujer?, ¿en destrozar el idioma con modismos inventados para forzar las rimas?, ¿dando terribles ejemplos a la juventud que está en proceso de formación de criterios y estilos de vida?, ¿haciendo ver a los niños que ser malo y pasar por encima de los demás está bien?, ¿que tratar a las féminas como simples objetos sexuales que caducan cuando llega una con mejores cirugías es caballeroso y que cuando ésta se da a respetar y protege su integridad no vale la pena?, o ¿que la violencia y las armas es la forma de resolver los problemas?, o ¿que con drogas la vida es más llevadera?, o ¿decirle a las niñas que lo mejor es estar con un hombre con carro y dinero así sea un completo patán?.
Seguramente, seguiremos viendo proliferar más y más “exponentes” de este género, ojalá que no, sin embargo, al ver la cantidad de personas sentir afinidad por él, me inquieta, ¿es esa la mentalidad de la sociedad en general?, de ser así no estamos avanzando tanto como creemos, a menos que vean al retroceso como una forma de avance. Sé que cada quien tiene sus gustos, pero la música fue hecha para entretener, relajar, alegrar, no para ofender, incitar malos hábitos y alabar los vicios; puedo entender que a alguien le guste la salsa, a otro el merengue, otros el rock, mientras a algunos las baladas, pero todos esos independientemente del ritmo, tienen esencia de alguna manera en sus letras.
Siendo una apasionada confesa por el reggae, me enerva aún más que aseguren que esta nueva onda musical nació de ahí, y que por ello derivó en “reggaetón”, todo aquel que haya escuchado aunque sea un momento al gran Bob Marley, Fidel Nadal, Los Cafres, Cultura Profética o cualquier otro, pueden dar fe, que esa afirmación está lejos de ser cierta, por lo menos en contenido. Tal vez, es una manera de defender su “estilo”, porque es mejor apoyarse y aseverar que tienen una base, a decir que fue el resultado de un muy mal experimento en un estudio de grabación.
No logro entender claramente cómo hay hasta personas que la escuchan “para relajarse”, al mismo tiempo que no entiendo el afán de algunas congéneres en demostrar quién (disculpas de antemano porque sonará feo) “lo arrecuesta” mejor, parece que les da satisfacción el saber que tienen la capacidad de excitar a su pareja de baile (probablemente ni siquiera lo conozca), otra demostración de ignorancia porque es harto conocido que el sexo opuesto se excita hasta durmiendo, así que no deberían seguirse vendiendo a tan bajo precio.
Puedo escribir miles de líneas argumentando el resquebrajamiento que hay en los valores dentro de la sociedad latinoamericana, partiendo de este hecho, pero al final del día es sólo mi opinión acerca de una situación observable por cualquiera que realmente vea más allá de las apariencias, de la moda, de lo que según está “marcando tendencias”, que pueda proyectar las consecuencias que a la larga trae el escuchar a un niño de seis años cantar a todo pulmón cosas como “tú te agachas y yo te monto”, dentro de su inocencia a lo mejor ni sabe lo que está repitiendo, sin embargo, ¿quieren que lo llegue a discernir?, o el escuchar a una mujer decir a coro (SIC) “dale papi que soy tu cachorra”, o a un hombre tararear (SIC) “Soy un maniático sexual…Con una mezcla de mente criminal…Que se destaca por perriar con la yal…”; ¿no les parece terrible?.