Es un muy odioso hábito, creo que no caigo en generalizaciones al decir que todo el mundo lo detesta, pero irónicamente la gran mayoría cae en ellos, bien sea al decirlos, al sufrirlos y lo peor de todo al creerlos, comentarios sin base, que se transforman cual materia al pasar de boca en boca, si, ya saben a qué me refiero, EL CHISME. Nuestro género se ha ganado la terrible fama de ser “chismoso”, pero resulta que en esas conversaciones de amigas, más que hablar de la vida ajena, es la oportunidad para ponerse al día en los sucesos que sobresalen de nuestra propia rutina, es decir, hablamos de nosotras mismas, lo que nos pasa y lo que no, así sea para saber si la otra puede darnos una perspectiva distinta cuando crees que a nadie le va peor que a ti; (Ojo, eso no quiere decir que no existan mujeres chismosas, porque ¡sobran!), no por ello se ha entablado una batalla porque ahora mis congéneres aseguran que no hay seres más “chismosos” que los hombres.
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lunes, 21 de febrero de 2011
lunes, 7 de febrero de 2011
Cuéntame otro cuento
Han sido varias las oportunidades en que he escuchado a muchas mujeres decir que sus fracasos en el amor han sido culpa de las películas de Disney, algo extraño para historias donde siempre un príncipe azul, de blanco corcel, rescata a la princesa desvalida de las garras de alguna bruja malvada que la odia porque es bella y de paso buena gente; es decir, ¿Qué tiene eso que ver?, ¿Con qué se identifican?, ¿Será por “románticas empedernidas”?, ¿o porque sueñan con un príncipe azul que las rescatará de su vida infernal?. Sea cual sea la razón y como fiel defensora de Walt Disney, Hans Christian Andersen y los Hermanos Grimm, me atrevería a decir que andan por ahí adjudicándole a otros lo que es única y exclusivamente su responsabilidad.
Si es que existe culpabilidad del algún tipo, porque nada es cuestión de “suerte” sino de saber elegir, o saber reconocer las señales, lo que pasa es que a algunas les encanta “enceguecerse”, al parecer les resulta mucho mejor que estar sola. Sin embargo, achacarle su escasa capacidad de elección a los “cuentos infantiles”, es precisamente eso, infantil. Esto es equivalente a caer en el error de creer que lo que pasa en las telenovelas está en consonancia con la realidad, de hecho éstas vienen siendo los mismos cuentos pero para adultos. Me resulta un tanto inverosímil pensar que aún haya alguna ilusa que crea en esos clichés televisivos.
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