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lunes, 28 de marzo de 2011

Cuando los padres se vuelven hijos

Cierta vez leí una frase que decía “una madre puede mantener a cinco hijos, pero cinco hijos no pueden mantener a una madre”, me impactó por la certeza irrefutable en medio de su simplicidad. Es triste, cuando pienso en que su veracidad se pone de manifiesto en el sólo hecho de que los ancianatos  y “casas de retiro” existan. Personas que llegaron a tener más de cinco hijos, pero quizás sólo dos o uno se ocupan de ellos al llegar al ocaso de sus vidas, irónico resulta pues al recordar que no crío sólo a esos dos. Siempre habrá excusas, y es que está claro que cada uno de ellos seguro formó su propia familia, pero no por eso pierden su título de “hijo” y todas las responsabilidades que ello conlleva una vez que nuestros padres pasan a ser lo que necesitan de cuidados.
Fácil es hacer una llamada telefónica una vez al día, a la semana o hasta al mes, pero así no se llena un vacío que de seguro lleva adentro su progenitor (a), a través de un teléfono no se le da un vaso con agua para que se tome la pastilla que le toca a esa hora, con una llamada no le ayudas a pararse cuando quiere ir al baño, con sólo preguntar a distancia “¿cómo sigues?” no cooperas en su proceso de recuperación de alguna de sus dolencias propias de la edad.

martes, 28 de diciembre de 2010

Cuando el año llega a su fin

            
             Llega el último día del año, y con él todos los rituales que lo acompañan, esos en lo que algunos creen, a otros les gustaría creer, mientras que unos  cuantos se rehúsan a hacerlo, casi siempre porque formaron parte del primer grupo y nunca les funcionó. En fin, toda una masa de gente que esa noche tiene en común algo más que el amarillo de su ropa interior, por aquello de la “suerte”, (en lo particular me declaré en rebeldía y ahora la uso de color negro).
            Ya están todos reunidos en casa esperando que sean las doce para los respectivos abrazos, es aquí donde tu capacidad para hacer muchas cosas a la vez se pone a prueba, en especial si crees de manera vehemente en los rituales acostumbrados. Debes tener la habilidad para engullir doce cucharadas de lentejas, junto con doce uvas, pero que te quede una mano libre para sostener un puñado de billetes (para la prosperidad), al mismo tiempo que lanzas monedas al techo (para el mismo motivo).