Mostrando entradas con la etiqueta Fanatismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fanatismo. Mostrar todas las entradas

lunes, 24 de enero de 2011

Fanáticas de la atención


Con esa fiebre que embarga a la mayoría de los venezolanos durante la temporada de béisbol profesional, es difícil no comentar acerca de esos hechos que se viven alrededor de esos cuatro meses, dentro y fuera del estadio, jugando o no tu equipo favorito, seas fanático o simplemente aparentes serlo, este deporte saca a relucir lo bueno, lo malo, y en especial, lo feo de mucha gente.
Viniendo de una familia donde béisbol es el tema de conversación los 365 días del año, 366 en bisiesto, influenciado porque el 90% son hombres, ya para mi es parte de la rutina (mi frustración de niña fue no jugar en un equipo como mi hermano), cabe destacar que sin necesidad de gritar a los cuatro vientos mi fanatismo, yo lo vivo a mi manera, quizás también debido a que es la mejor manera de ahorrarse las burlas si mi equipo pierde (me ha dado buenos resultados), así me lo reservo para conversaciones que de verdad valgan la pena.

lunes, 10 de enero de 2011

El hombre de la máscara religiosa

           No me gusta caer en polémica con nadie, o por lo menos no con la gente que goza de mi afecto, es por ello que trato en la medida de lo posible no tocar temas como la política o religión, debido a las muchas diferencias que saldrán a relucir, pero, en esta oportunidad no puedo contener una inquietud que tengo en la parte espiritual, la cual pretendo exponer ampliamente en este artículo, esperando no ofender las creencias de ninguno de los que me leen, ya que respeto las formas en que cada quien vive su fe.
            El punto es que me cuesta entender (o creer) a esas personas que luego de toda una vida perteneciendo a una religión en particular, drástica y rápidamente pasan a formar parte de otra (se vuelven hasta fanáticos), lo que a mi parecer es equivalente a volver a nacer (o falta de personalidad y seguridad en su propia fe).  Pero, no es precisamente hablar del cambio de religión en sí el objetivo de esta pieza, sino lo que trae consigo, específicamente que luego de hacerlo, algunos pasan a ser personas arrogantes viéndose a sí mismos como poseedores de la verdad absoluta (como se ven todas en realidad), y los demás pasamos a ser (para ellos) una banda de locos que viven en el pecado (¿y quién no lo es?), olvidándose (y creyendo que los demás también olvidan) quiénes fueron y qué hicieron antes de su “redescubrimiento”.