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lunes, 20 de diciembre de 2010

Querido niño Jesús…

Querido niño Jesús, primero quiero darte las gracias por hacerme bajar nueve kilos en tres meses, así haya sido en contra de mi voluntad, para esta navidad (y si es posible el resto de mi vida) espero no recuperarlos.  No te pido un novio, pero si tener a alguien que me acompañe más o menos para el segundo semestre del año, por aquello de que mi cumpleaños es en septiembre y eso significaría un regalito seguro.
Como miembro honorario de la tasa de desempleo del país, creo que sabemos muy bien que en la lista está ese empleo que tanto necesito, por favor, no dejes que mi currículo siga cayendo en manos de gente que siente que en vez de estar contratando a una persona competente, está dejando entrar a una potencial competidora, dejándome por fuera de una posible elección; si no voy a seguir pensando que fui engañada vilmente en la universidad con aquello de “tú eres de las buenas”.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Te intercambio a mi amigo secreto

            Una parte agridulce de la época decembrina, son los intercambios de regalo, no hay nada mejor que recibir presentes, detalles que nos encantan sin que salga un solo medio de nuestro bolsillo, por otro lado, brindarle esa alegría a otro, sorprenderlo con aquello que tanto anhela pero no ha tenido la oportunidad (o el dinero) para comprárselo.
            Más o menos de eso se trata, es una manera de no quedarse por fuera, una vez que dejaste la niñez atrás, pues para ti ya se acabaron los regalos del “Niño Jesús”. Pero, ¿Por qué los denominé agridulces?, pues, porque  existen unas cuantas variables que pueden hacer de la experiencia un tanto decepcionante.
Se puede empezar por el riesgo que corres de que te toque esa compañera de trabajo que apenas saludas por educación, pero que no la puedes ver en el comedor sin sufrir de indigestión, o de ese vigilante, para quien el único regalo útil que se te ocurre, es un kit que incluya un galón de enjuague bucal, unos cuantos sobrecitos de bicarbonato, más una media docena de limones (creo que está de más explicar los motivos).

lunes, 6 de diciembre de 2010

Crónica de una compra anunciada

Llegó el día que más esperábamos, tenemos las utilidades en nuestro poder, ni meditarás en qué gastarlo, ya llevas meses en ese plan, así que alístese, póngase ropa y calzados cómodos, que nos vamos de compras navideñas.
Se debe salir temprano, para que rinda el día, además sabemos que tiene muchas cosas por comprar, unas las necesita, mientras que las otras prefiero ni entrar en detalles. Ni crea que nos vamos en carro, para empezar no gozo de ese beneficio, además quiero que viva en toda su expresión lo que padece el colectivo en estas épocas, y créame cuando le digo que no importa cuál sea su medio de transporte, no podrá librarse de caminar.
Nos vamos en el respectivo autobús con destino al centro de la ciudad, de más está decir que ya la sonrisa se le irá borrando con la sobrecarga de pasajeros en esa minúscula unidad que le rozan con partes sospechosas el hombro, mientras otro le estornuda por detrás, quien no sólo casi la deja sorda por el estruendo que hizo, sino que además sin tener la decencia de taparse la boca, le dejó la nuca goteando lo expedido, y ni hablar de la “música” que pone el chofer.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Metamorfosis navideña

Se acerca diciembre y con él todo ese aire de renovación que trae consigo, esa sensación de que estamos a punto de cruzar una meta, tan es así que creo poder tomarme el atrevimiento de decir que pasamos once meses planificando los últimos treinta y un días del año, cual si fuese la oportunidad para hacer y cambiar lo que bien podríamos hacer en los 334 días previos, como que si a partir de ese momento nos dan carta blanca para hacer las mil y un locuras.
            No sé los caballeros, pero por este lado tenemos una facultad tremenda para cambiar el real significado de las festividades decembrinas, esa complejidad que nos caracteriza, hace que le agreguemos unas cuantas particularidades, convirtiéndolas en mucho más que sólo pensar en buenos deseos. Algunos las esperan para beber, o para comer, otras para deprimirse, mientras que otras lo hacen para lucirse como nunca. Éstas últimas, empiezan por hacer dieta rigurosa, si el presupuesto les da se inscriben en un gimnasio para que les quede mejor esa ropa con la que tienen tiempo imaginándose, sin importar que los escasos cinco kilos que perdieron en seis meses, los vayan a recuperar con creces en ese mismo mes, al parecer sólo los bajan para hacer espacio para los que aumentarán.